En marzo de 2022, la Asamblea de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEA) tomó una decisión histórica: convocar a todos los países del mundo a negociar el primer tratado internacional jurídicamente vinculante contra la contaminación por plásticos. Tres años, cinco rondas de negociaciones y miles de delegados después, el tratado aún no se ha firmado. Pero lo que se ha discutido en esas mesas ya está moldeando las reglas que las empresas mexicanas tendrán que cumplir.
De qué trata realmente el tratado
El mandato del Comité Intergubernamental de Negociación (INC) es ambicioso: crear un instrumento que aborde el ciclo de vida completo del plástico — desde la extracción de combustibles fósiles hasta la disposición final — incluyendo la contaminación marina. No es solo "limpiar los océanos". Es regular cuánto plástico se produce, cómo se diseña, qué químicos puede contener, cómo se etiqueta, y qué obligaciones tienen los países y las empresas en cada etapa.
Para entender la escala: el planeta produjo más plástico desde el año 2000 que en los 50 años anteriores. La producción actual es de aproximadamente 450 millones de toneladas anuales, y la OCDE proyecta que se triplicará para 2060 si no hay acción coordinada. Menos del 10% se recicla.
La línea divisoria: producir menos vs. solo gestionar residuos
La división principal en las negociaciones es entre dos campos. Por un lado, más de 120 países — incluyendo a México, la Unión Europea, Reino Unido y la mayoría de naciones latinoamericanas — defienden incluir límites obligatorios a la producción global de plástico virgen. Por el otro, países productores de petróleo y petroquímicos como Arabia Saudita, Rusia, Kuwait e Irán se oponen a cualquier mecanismo que restrinja la producción, y prefieren un tratado enfocado solo en mejorar la gestión de residuos.
La diferencia no es semántica. Limitar la producción significa, en la práctica, que ciertos plásticos de un solo uso simplemente dejarían de fabricarse legalmente — obligando una migración acelerada hacia materiales alternativos certificados. Solo gestionar residuos significa que se sigue produciendo igual, pero se intenta capturar y reciclar más al final del ciclo.
INC-5.2 en Ginebra: la ronda que el mundo esperaba
La quinta ronda de negociaciones se celebró en Busán, Corea del Sur, en diciembre de 2024, y terminó sin acuerdo. La continuación, INC-5.2, tuvo lugar en Ginebra del 5 al 14 de agosto de 2025, con la esperanza de cerrar el texto definitivo. Tampoco hubo acuerdo. Según el Centro de Derecho Ambiental Internacional (CIEL), 234 lobistas afiliados a la industria de combustibles fósiles y petroquímica se registraron para participar en las negociaciones — más que las delegaciones de muchos países pequeños combinadas.
El balance al cierre de 2025: el mundo seguía sin tratado, pero la mayoría de gobiernos había rechazado un borrador débil. La posición de México fue clara — apoyo a un tratado vinculante con metas de reducción real de producción.
La posición de México
México formalizó su apoyo a un tratado fuerte. La sociedad civil mexicana también se movilizó: Greenpeace México entregó más de 90 mil firmas a la Secretaría de Relaciones Exteriores exigiendo una postura ambiciosa. Organizaciones como Fronteras Comunes, El Poder del Consumidor, Acción Ecológica y la Asociación Ecológica Santo Tomás han documentado y litigado contra las importaciones de residuos plásticos tóxicos al país — México recibe el 94.1% de sus residuos plásticos importados desde Estados Unidos.
Pero hay tensión. Defender la reducción puede traer presión diplomática vía mecanismos del T-MEC, donde se podría alegar barreras comerciales no justificadas. La postura mexicana no es solo ambiental — es geopolítica.
Qué significa esto para las empresas mexicanas
El tratado, cuando se firme, no entra en vigor de la noche a la mañana. Pero su efecto en cascada ya empezó. Las cadenas globales de retail — incluyendo las que operan en México como Liverpool, Chedraui, Soriana y Palacio de Hierro — están ajustando sus políticas de compras anticipándose a regulaciones más estrictas. Los importadores europeos que compran productos mexicanos ya están pidiendo certificaciones específicas. Los inversionistas con criterios ASG (ambiental, social, gobernanza) están filtrando empresas por su exposición a plásticos.
Para una empresa que vende productos empacados en México, el cálculo es directo: las regulaciones se están endureciendo en 32 estados del país, las cadenas de retail están midiendo a sus proveedores, y el tratado global agregará otra capa. Las empresas que se adelanten — con materiales compostables certificados internacionalmente (EN 13432, ASTM D6400, BPI, OK Compost) más cumplimiento local (NYCE 273, Norma 010 SEDEMA) — están mejor posicionadas que las que esperen el último momento.
Qué viene
Las negociaciones del tratado continúan. La presión social y científica para cerrar un acuerdo vinculante sigue creciendo. Lo que ya es claro: el plástico de un solo uso convencional tiene los días contados. La pregunta no es si va a haber regulación, sino cuándo y qué tan estricta será. Las empresas que ya están migrando a materiales compostables certificados — los mismos que los grandes mercados internacionales están exigiendo — no están pagando un costo. Están comprando ventaja competitiva.



