77%
de las personas analizadas tenían microplásticos detectables en sangre
24
gramos de plástico ingiere una persona promedio cada año — el equivalente a una tarjeta de crédito por semana
5mm
es el tamaño máximo de un microplástico — algunos miden menos de un micrómetro

Fuente: Leslie et al., Environment International, 2022 / WWF, 2019

Cómo llegamos aquí

El plástico no desaparece. Se fragmenta. Bajo la acción del sol, el viento, el movimiento del agua y el tiempo, los plásticos convencionales se rompen en piezas cada vez más pequeñas. Primero en trozos visibles. Luego en fragmentos del tamaño de un grano de arena. Luego en partículas que solo se ven bajo microscopio. Pero siguen siendo plástico. Y siguen siendo persistentes.

La gran mentira del plástico convencional es que "desaparece". No desaparece: se hace invisible. Y cuando es invisible, entra en todas partes.

"Encontramos microplásticos en el agua del grifo, en la cerveza, en la sal de mesa, en la miel y en el aire que respiramos dentro de nuestros hogares." — Orb Media / National Geographic, 2018

Qué sabemos sobre el impacto en salud

Aquí la ciencia es honesta: todavía hay más preguntas que respuestas. Lo que sí se sabe con certeza es que los microplásticos actúan como transportadores de contaminantes. Su superficie atrae y concentra sustancias tóxicas — pesticidas, metales pesados, disruptores endocrinos — y las lleva a donde van las partículas.

Un estudio publicado en The New England Journal of Medicine en 2024 encontró que pacientes con microplásticos detectables en las placas de sus arterias tenían un riesgo 4.5 veces mayor de sufrir infarto, accidente cerebrovascular o muerte en los siguientes tres años. El estudio no prueba causalidad directa, pero la señal es suficientemente fuerte como para que la comunidad científica la tome muy en serio.

4.5×
Mayor riesgo cardiovascular en pacientes con microplásticos en arterias vs. pacientes sin ellos.
Marfella et al., New England Journal of Medicine, 2024

Dónde están los microplásticos

En 2018, la OMS publicó un análisis del agua potable embotellada de 11 marcas distintas en nueve países. El resultado: 93% de las botellas contenía algún tipo de contaminación por microplásticos. No es un problema de marcas específicas — es un problema sistémico de cómo almacenamos y distribuimos el agua en el mundo.

Pero el agua embotellada no es la única fuente. Estudios posteriores han encontrado microplásticos en frutas y verduras frescas, en pescado y mariscos, en la lluvia que cae sobre el Pirineo y sobre el Ártico, en la placenta humana, en la leche materna y, como mencionamos, en la sangre.

Lo que todavía no sabemos

La ciencia de los microplásticos es joven. El primer estudio que usó el término fue publicado en 2004. Veinte años después, todavía no existe un consenso sobre cuál es la dosis segura de exposición, si es que existe alguna. La OMS llama a "investigación urgente" sobre el tema. La Unión Europea ha financiado proyectos para establecer los primeros estándares de exposición. México no tiene todavía ningún estándar regulatorio al respecto.

Lo que sí hay es suficiente evidencia de que los microplásticos son ubicuos, persistentes y bioacumulables — las tres características que los toxicólogos usan para clasificar una sustancia como preocupante. La pregunta ya no es si los microplásticos están en nuestros cuerpos. La pregunta es qué les hacen cuando están ahí.

Qué puedes hacer

La exposición a microplásticos es prácticamente imposible de eliminar completamente en el mundo actual. Pero sí se puede reducir. Beber agua filtrada en lugar de embotellada. Calentar alimentos en vidrio o cerámica, no en plástico. Reducir el consumo de alimentos ultraprocesados en envases flexibles. Y apoyar — como consumidor y como empresa — la transición a materiales que no se fragmentan en micropartículas tóxicas.