Fuente: Leslie et al., Environment International, 2022 / WWF, 2019
Cómo llegamos aquí
El plástico no desaparece. Se fragmenta. Bajo la acción del sol, el viento, el movimiento del agua y el tiempo, los plásticos convencionales se rompen en piezas cada vez más pequeñas. Primero en trozos visibles. Luego en fragmentos del tamaño de un grano de arena. Luego en partículas que solo se ven bajo microscopio. Pero siguen siendo plástico. Y siguen siendo persistentes.
La gran mentira del plástico convencional es que "desaparece". No desaparece: se hace invisible. Y cuando es invisible, entra en todas partes.
Qué sabemos sobre el impacto en salud
Aquí la ciencia es honesta: todavía hay más preguntas que respuestas. Lo que sí se sabe con certeza es que los microplásticos actúan como transportadores de contaminantes. Su superficie atrae y concentra sustancias tóxicas — pesticidas, metales pesados, disruptores endocrinos — y las lleva a donde van las partículas.
Un estudio publicado en The New England Journal of Medicine en 2024 encontró que pacientes con microplásticos detectables en las placas de sus arterias tenían un riesgo 4.5 veces mayor de sufrir infarto, accidente cerebrovascular o muerte en los siguientes tres años. El estudio no prueba causalidad directa, pero la señal es suficientemente fuerte como para que la comunidad científica la tome muy en serio.
Dónde están los microplásticos
En 2018, la OMS publicó un análisis del agua potable embotellada de 11 marcas distintas en nueve países. El resultado: 93% de las botellas contenía algún tipo de contaminación por microplásticos. No es un problema de marcas específicas — es un problema sistémico de cómo almacenamos y distribuimos el agua en el mundo.
Pero el agua embotellada no es la única fuente. Estudios posteriores han encontrado microplásticos en frutas y verduras frescas, en pescado y mariscos, en la lluvia que cae sobre el Pirineo y sobre el Ártico, en la placenta humana, en la leche materna y, como mencionamos, en la sangre.
Lo que todavía no sabemos
La ciencia de los microplásticos es joven. El primer estudio que usó el término fue publicado en 2004. Veinte años después, todavía no existe un consenso sobre cuál es la dosis segura de exposición, si es que existe alguna. La OMS llama a "investigación urgente" sobre el tema. La Unión Europea ha financiado proyectos para establecer los primeros estándares de exposición. México no tiene todavía ningún estándar regulatorio al respecto.
Lo que sí hay es suficiente evidencia de que los microplásticos son ubicuos, persistentes y bioacumulables — las tres características que los toxicólogos usan para clasificar una sustancia como preocupante. La pregunta ya no es si los microplásticos están en nuestros cuerpos. La pregunta es qué les hacen cuando están ahí.
Qué puedes hacer
La exposición a microplásticos es prácticamente imposible de eliminar completamente en el mundo actual. Pero sí se puede reducir. Beber agua filtrada en lugar de embotellada. Calentar alimentos en vidrio o cerámica, no en plástico. Reducir el consumo de alimentos ultraprocesados en envases flexibles. Y apoyar — como consumidor y como empresa — la transición a materiales que no se fragmentan en micropartículas tóxicas.



