La pregunta que toda área de compras hace cuando se habla de empaques compostables es siempre la misma: ¿cuánto más caro es? La respuesta honesta tiene tres partes, y casi nadie da las tres. La mayoría de las conversaciones se quedan en la primera — que es, convenientemente, la que hace ver el cambio como más caro de lo que es.

La primera parte: el diferencial de precio

Un material compostable certificado cuesta más que su equivalente en plástico convencional. Eso es un hecho. El diferencial varía según el producto — en bolsas tipo camiseta suele ubicarse en un rango amplio (referencias de mercado hablan de 40% a 80%), y en films especializados puede ser mayor; el número exacto depende del proveedor, la especificación técnica y el volumen contratado, por lo que conviene cotizar sobre el volumen propio antes de tomar el rango como definitivo. A volúmenes bajos, ese diferencial es significativo. A volúmenes altos, se comprime. Una empresa comprando 500,000 piezas al mes opera en condiciones de precio muy distintas a una que compra 10,000.

Pero ese número — el diferencial de precio por unidad — es solo el costo bruto. El análisis real requiere dos variables más que casi nadie incluye.

La segunda parte: los estímulos fiscales

El Código Fiscal de la Ciudad de México (art. 277) prevé reducciones de 20%, 30% o 40% del Impuesto sobre Nóminas para empresas que, con una auditoría ambiental acreditada ante la SEDEMA, demuestren reducir entre 30% y 100% sus condiciones de operación; entre las acciones reconocidas están usar materiales biodegradables o fácilmente reciclables y rediseñar empaques. Aplica solo a empresas con nómina en la CDMX y la reducción no puede superar el monto invertido.

Ese ahorro no lo da el proveedor de empaques: lo da la autoridad cuando la empresa acredita la auditoría. Como la reducción tiene tope en lo invertido, conviene que tu área fiscal haga el cálculo antes de presentarlo a dirección.

El ejercicio que vale hacerse: toma el diferencial de precio por unidad, multiplícalo por tu volumen mensual. Ese es el costo bruto del cambio. Si tu nómina está en la CDMX, pide a tu área fiscal estimar la reducción de ISN posible (con tope en lo invertido) y compara ambos números.

La tercera parte: el costo de no cambiar

Este es el número que casi nunca aparece en el análisis de compras, porque requiere cuantificar riesgos que no son certezas. Pero los componentes son reales. Exposición legal: número de sucursales multiplicado por la multa máxima (en CDMX, 2,000 UMA: $234,620 en 2026). Riesgo comercial: probabilidad de que el principal comprador convierta sus requerimientos de sustentabilidad en obligatorios. Riesgo reputacional: costo de una campaña negativa en redes sociales sobre una marca que usa plástico cuando sus competidores ya no lo usan.

Ninguno de esos tres es seguro. Pero todos son reales, y todos crecen con el tiempo. El costo de cambiar hoy es fijo. El costo de no cambiar es variable y creciente.

La pregunta correcta

No es ¿cuánto más caro es el empaque compostable? Es ¿cuánto cuesta por unidad adicional versus el valor que genera en cumplimiento regulatorio, acceso a retail y reducción de riesgo fiscal? Cuando el análisis incluye esas tres variables, la decisión casi nunca es económicamente negativa. El problema es que casi nadie hace el análisis completo.

El análisis que vale hacer

Toma una hora. Consigue tres números: el diferencial de precio por unidad en tu volumen actual, tu ISN mensual y el número de sucursales que tienes. Con esos tres números puedes construir el análisis completo — costo bruto del cambio, ahorro fiscal posible y exposición legal. Con esos números, la conversación deja de ser "esto es caro" y pasa a ser "cuánto nos cuesta no hacerlo".